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BLOG: Toño Esquinca
¿Merecemos?

¿Desde dónde somos merecedores de todo lo que nos es dado? El merecimiento no es un estado que se adquiera, porque entonces estamos hablando del ego que quiere darse un valor por factores completamente externos. El merecimiento que se adquiere es negativo, es pobreza de espíritu, viene del personaje que usted cree que es, pide, reclama, demanda sin querer dar nada a cambio y es totalmente ignorante de las leyes de la vida, en tanto que camina a ciegas hasta que los tropiezos le hacen entender que el universo no opera como él cree.

El merecimiento del pequeño ego existe basado en una gran ignorancia, creyendo que dar y recibir no son movimientos de un mismo código. Ese merecimiento es pueril, y hasta ridículo, porque se inventa historias de personalidad para creer que merece lo que otros tienen que darle.

El merecimiento negativo se compone de chantaje, victimismo, manipulación y una falsa auto-estima, porque sólo estira la mano pensando en que debe ser ayudado, rescatado, salvado o haciendo mal uso de las bondades de la vida.

El que cree que está en un lugar privilegiado porque se lo merece y abusa de su poder, es producto también del merecimiento negativo, que carece de toda humildad, y que no sabe agradecer por cada pequeña cosa y experiencia de su existir; que da todo por sentado, y que está ciego ante la probabilidad de que la grandeza de su espíritu esté siendo probada. Actuar negativamente hacia la vida y creer que los regalos son muy merecidos, también evidencia la infinita soberbia del ego negativamente merecedor que piensa que las cosas no cambian, que los ciclos no acaban, que la vida no da vueltas, que siempre irá en ascenso, que fantasea con su omnipotencia. Este tipo de “merecer” nos vuelve contra la propia existencia, al grado que hemos llegado a creer que podemos merecernos un planeta para destruir lo bueno.

El merecimiento sano podría definirse mejor como la dignidad de ser humanos, el derecho de todo ser a la plenitud, a la realización, a la experimentación de sus sueños, talentos, potenciales y deseos. La comprensión de nuestro poder creativo para crear lo que elijamos, consciente o inconscientemente, es el merecimiento positivo que sabe que a todo creador corresponde una creación de acuerdo a sus elecciones, por tanto, todas le son merecidas, sin culpa y sin indignidad, sino con conciencia.

El merecimiento verdadero es también sinónimo de agradecimiento, porque no toma todo sin dar nada, al contrario, recibe con gracia, agradece por cada pequeña y cada grande cosa. Así que sentirse merecedores en un sentido positivo proviene justo de la más grande humildad, de la inocencia de sentirse uno con el creador, o con el Universo, para entonces jugar en su propia casa, como hacen los niños cuando disfrutan de todo lo que se les provee, sabiendo que es suyo, que son dotados y provistos de lo que necesitan, que habitan un merecimiento inocente, sostenido por la gran bondad detrás de toda la existencia. Ahí es que podemos sentirnos merecedores verdaderos, siendo parte de una majestuosa creación que si nos tiene aquí debe ser por alguna razón poderosa. El merecimiento auténtico es a la par recibimiento y compromiso con la vida como generadores que eligen en conciencia que se merecen crear un mundo mejor, o no.

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