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BLOG: Toño Esquinca
Los Frutos

Las enseñanzas del Maestro Jesús el Cristo, al igual que las de cualquier otro profeta o mensajero de las distintas religiones del mundo son claves que en esencia versan sobre lo mismo y ayudan a la humanidad a conducirse por un camino alineado con las leyes del Universo, es decir, a que comprenda las reglas del juego para jugarlo bien. Conocer o no las leyes no nos exenta de estar regidos por ellas, y si las conocemos y a pesar de eso hacemos como si no existieran, entonces comienzan los problemas y las amnesias, ¡sí! los graves problemas de amnesia: todo efecto se corresponde con una causa, y si usted fue causa de la miseria, el sufrimiento, la desdicha de otra u otras personas, se equivocará rotundamente si se le olvida que todo eso es la causa de los sucesos que ahora lo hacen sufrir a usted.

La contundente frase “por sus frutos los conocerás” describe de insuperable manera la unidad de medida de las siembras y las cosechas de cada ser humano. ¿Le hablan bonito, le dicen cosas increíbles, le impresiona la imagen? Revise primero los frutos. Cada persona se describe como quiere ser vista, y son pocas, muy pocas las que conservan intacta la cualidad de pensar-actuar-hablar en una sola nota, es decir, ser consistentes y congruentes. Ser consciente de uno mismo es una de las cosas más complicadas de este mundo, pero mirar nuestros frutos para saber lo que llevamos dentro, y mirar los frutos de las y los demás para saber de qué están hechos es de gran ayuda.

Observe por ejemplo a alguien que siempre se queja y vocifera sobre todo aquello que está mal y que quiere cambiar, pero cuando tiene la oportunidad de hacerlo se justifica de mil maneras: por sus frutos los conocerás, y lo único que quiere en realidad es tener auditorio para sus quejas, y además muy seguramente tiene en su propia casa aquello de lo que tanto se queja afuera. Alguien que se victimiza, quiere seguir echándole la culpa a todo de lo que se acuerde, desde su crianza, hasta las entidades de autoridad, pero por sus frutos los conocerás, y si usted se fija bien, verá que lo único que quiere es seguir teniendo atención, y ser cuidado por alguien más, o lo que es lo mismo, que alguien le haga la chamba. A alguien que habla de la moral y juzga a las demás personas por sus preferencias o estilo de vida que no daña a nadie, aplíquele de nuevo el adagio “por sus frutos lo conocerás”, observe sus actos, mire quiénes le rodean y cómo conduce realmente su vida, tal vez note que ahí hay gato encerrado.

Y en contraste, existen personas discretas, modestas, que hasta pueden pasar desapercibidas, pero que dan frutos sorprendentes. Podríamos repasar muchísimos ejemplos en donde detrás de las apariencias puede verse la verdad si nos fijamos bien en el resultado final. Todos disfrutamos o padecemos lo que hemos sembrado, y nada existe porque sí, o porque sea cuestión de buena o de mala suerte. ¡No! La suerte y el azar no existen en una naturaleza y Universo que funcionan de manera matemáticamente perfecta. El éxito en un negocio honesto, el carisma que conquista, los logros obtenidos, las metas alcanzadas, las buenas personas que nos rodean, los buenos amigos, los buenos amores, las familias armoniosas, incluso los bienes que se tienen a la buena, todo eso es fruto del bien que usted ha hecho, así que celébrelo y celébrese, y también sea consciente de elegir seguir o no por ese camino. Para decidir qué camino tomar y qué creer, no se fije tanto en el discurso que le quieran vender, mire siempre hacia los frutos, que sin lugar a dudas, son la única garantía real que podemos tener y que podemos ofrecer.

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