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BLOG: Toño Esquinca
La Tierra

La relación del ser humano con la Tierra, nuestro planeta, va mucho más allá de lo que podríamos imaginar. Pensamos, sobre todo en la cultura moderna occidental, que la Tierra es un planeta inerte, que no siente o no se relaciona para nada con lo que somos al nivel más básico de nuestras funciones. Pero la Madre Tierra es un reflejo claro de la vida humana, es decir, si nosotros estamos mal, ella también sufre, y viceversa.

Esta visión que culturas ancestrales y los pueblos indígenas del planeta han manifestado siempre sobre la íntima relación que tenemos con el ser que habitamos es más certera de lo que quisiéramos creer, desde ahí, cada región del planeta está relacionada con distintas partes de un ser vivo. A cada país, tribu, o cultura, le corresponden las veces de un órgano y las funciones que tienen que llevar a cabo, por eso somos tan diversos. Las manifestaciones de desbalance de la Tierra también le rebelan al ser humano aquello que le aqueja como enfermedad o cosa que atender. Así como en el cuerpo, los mayas describían que los seres terrestres pasan por un tiempo de dormir y otro de despertar, y que cuando hay una enfermedad, hay fiebre y síntomas de lo que el sistema inmune debe atacar.

¿Ha pensado usted alguna vez que nosotros somos parte del sistema inmune del planeta y que por lo tanto sólo se requiere de tener esta conciencia para poder hacerle frente a los virus y a todo aquello que lo enferma? Si no, tal vez sea tiempo de reflexionarlo de esta manera. Al final, el planeta está siempre dispuesto a darnos vida, más y más vida, pero si no somos conscientes de este acto amoroso, entonces la prueba no servirá para nada, y lo que sí es verdad, es que podemos terminar con recursos finitos que nos da la vida aquí. Una máxima del universo es que debemos dar al mismo tiempo que recibir, así que es bueno preguntarse ¿cuánto recibo de la Madre Tierra? Para entonces darse cuenta de cuánto también debemos darle.

Por eso, no es equilibrado estar en deuda, así que busque maneras de compensarla: cuide la naturaleza, honre el agua que bebe y que usa para asearse, únase a iniciativas que reduzcan los desperdicios, busque ser más ecológico en lo que hace, y también en lo que piensa y siente; eso le aligera mucho la carga; como hacen en varias culturas: por cada hijo siembre al menos un árbol. No se quede impávido contemplando las noticias y lamentándose de las catástrofes: ¡actúe! Porque por poco que le pueda parecer, es mucho. Todas y todos somos células de un mismo organismo, y la elección es nuestra: somos sistema inmune o somos virus. No hay más que de dos sopas, y muy seguramente el futuro que quiere ver para las generaciones venideras le dará las mejores pistas.

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