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BLOG: Toño Esquinca
En vidas ajenas

¿Le ha tocado alguna vez que le den consejos que no pidió, o usted se ha ubicado dándolos cuando nadie le preguntó qué hacer? En uno u otro caso, probablemente sea un llamado del ser a atender los asuntos propios que están sin resolver o lejos de la luz de la conciencia. Bien dicen que en casa de herrero azadón de palo, o lo que es igual: es más fácil criticar y querer arreglar vidas ajenas cuando en la propia hace falta tanto trabajo. Entre más sienta usted la necesidad de voltear a ver a los demás y tenga el impulso de quererles componer el escenario según lo que usted cree que no les funciona, más es la fuerza que le está indicando que debe voltear a sus adentros: al centro de su propia historia. Prácticamente todo lo que se juzga hacia afuera es una proyección de algo que el espejo de la realidad quiere que veamos en el interior. Y si hacemos caso omiso de esas señales, la vida ocupará a las diferentes personas, situaciones o cosas para indicarnos que el asunto sigue inconcluso o en un círculo vicioso.

No querer ver es pensar que todo lo de afuera es culpable de lo que ocurre en su vida, y que es eso lo que tiene que cambiar para que sus condiciones mejoren. Si bien los cambios externos van apoyando las creaciones internas, no son el mejor punto de partida, a menos que quiera usted tomar la brecha más larga, tediosa y complicada. Es mucho más fácil querer abrir los ojos de la conciencia y darse cuenta de que cuando su discurso favorito es sobre destinos ajenos -empezando por criticarlos y luego por sacar teorías sofisticadas con las que según usted los otros estarían mejor- es porque sus propias cuestiones están en el abandono total, pues ¿quién está ahí para ocuparse de ellas? ¡Nadie! Porque usted está volcado queriendo asesorar, aconsejar, y peor aún, queriéndose alimentar de lo que no le corresponde.

Cualquier acto que busque suplantar su deber con correcciones a lo ajeno, es, por muy noble que parezca, una gran irresponsabilidad con lo único que en realidad le compete: su propia vida. Aunque las palabras suenen loables, si no están respaldadas por las acciones que le hacen a usted una mejor persona, entonces son palabrerías huecas; cada persona vive las experiencias de la frecuencia que emite, no de su retórica. Bien dice el dicho: dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. La vida está llena de acertijos que nos invitan cada vez a descubrir el llamado verdadero de nuestro propio destino o misión, no la de los demás. La verdadera cooperación nace de estar enfocados en nuestro centro, cumpliendo con nuestros compromisos, siendo leales a nuestros principios, y congruentes con eso que criticamos tanto del exterior.

A veces ayudan más las personas que simplemente están quietas, pero vibrando con total aceptación de lo que son, en comunión con lo que valen, admirando y apreciando lo que tienen a su alrededor, que las que son ruidosas, y hacen pero estropean, porque sus pensamientos, palabras y acciones, no vienen de sí mismos, sino de la crítica y el juicio. Aprecie y aproveche su valioso tiempo en ser aquello que quiere ver en los otros, verá como casi de manera mágica los demás comenzarán a reflejarle esa consistencia que primero tiene que estar presente en usted.

 
 

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